Alivio, tiempo, descanso.
Y el río corrió sin dejar rastros...
Nadie observó lo que realmente sucedía,
todos cerraban los ojos y reían,
creían ayudarme y sólo me perdían.
Estaba en un completo agobio
pesada, cansada, llena de odio.
Nada lograba diluir el sentimiento:
todo se hacía cada vez más intenso.
¿Cómo me querías?
Descubrí el valor de mis sueños
y volé hasta que mis pensamientos se fueron.
Mis pies se despegaron del suelo
suave, calmo y tranquilo.
No sentí cargas... ¡libre!
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